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Español
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Suspiros de una tinta joven
Editorial:
Biblioteca Latinoamericana Contemporánea
José Manuel Sanrodri
Este poemario surgió de una bonita historia de amor entre una cántabra y un alicantino. Todo comenzó cuando él, enamorado y desesperado por la chica de Elche cuyos apelativos resonaban en la campana de los nenúfares, hizo que su timidez deletreara el nombre de Mayca con el desgarro de lo inalcanzable, y como postrimero esfuerzo escribió a un programa de radio presentado por Quique Supermix y emitido en Onda Cero. En aquel programa José Manuel se había entregado al azar, y el locutor de radio, convertido en Celestina, pronunció los versos del apasionado con el mismo hálito de entrega del poeta, intentando quebrar la barrera de retraimiento que a éste le impidió declarársele a Mayca. Pero ante aquello, que no surgió como José Manuel esperaba, lo más seguro era que Mayca ya ni tan siquiera se acordaría de él. También es cierto que había pasado mucho tiempo. Las lágrimas arrancaron el último pétalo del corazón de José Manuel, su amor platónico había olvidado su rostro y su nombre en el atardecer de ese verano, pero...
Eva María, de Santander, y otras chicas sí habían escuchado el programa esa tarde y no tardaron en escribirle. Poco a poco aquéllas dejaron su tinta y sus sellos y ya no volvieron a enviarle más cartas, excepto Eva María, cuyas epístolas muy pronto fueron cada vez más íntimas y, al final, entre ambos se filtró ese gusano que cosquillea en la barriga, esa flecha que es como el picor dulce de néctar lanzada por el querubín de los cielos, y las letras también se embelesaron en versos, que fueron correspondidos con este poemario.
Disponible también en papel. Su valor: US$ 5.88 (más gastos de envío). Solicítelo a produccion@e-libro.net.
FRAGMENTO:
ÁUREOS ANILLOS DE BODAS
El sol ha guiado a los peregrinos en su caminar,
ha dorado las hojas que el otoño fue pasando,
madurando al melocotón en un lago de cristal,
abrigando a los vientos al cruce de los océanos,
unas veces volaban como paloma y gavilán,
y otras susurraban su amor cogidos del brazo.
Se iluminaban los párpados del amanecer
y a orillas de vuestra delicada piel,
donde el horizonte se hace delgado
y la buhardilla parece una torre de papel,
donde se pintaban dibujos que eran blancos,
allí, vuestra imaginación supo crecer.
Dos miradas en su júbilo de recuerdos
fue bordándose con el hilo de las melancolías,
y sembraron las semillas de seis rosas
que a la vez se cubrieron de pétalos amarillos,
arrapiezos de la frondosidad vetusta de su árbol,
alegría inerte de esfuerzos poco recompensados.
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