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Los escritores
revelan su secreto más preciado
Diez autores cuentan cómo
crear un personaje de novela
"Hago los personajes para que vivan su propia
vida"
RAY
BRADBURY
Es estadounidense.
Escribió Crónicas marcianas; El hombre ilustrado;
Fahrenheit 451; Cuentos del futuro y Las doradas manzanas
del sol.
Yo diría que creo mis personajes para que vivan su propia vida. En
realidad, no soy yo quien los crea a ellos sino que son ellos quienes
me crean a mí. Lo que tengo claro cuando escribo, es que quiero que
los personajes vivan al límite de sus pasiones y de sus emociones.
Quiero que amen, o que odien, que hagan lo que tengan que hacer, pero
que lo hagan apasionadamente. Es eso, esa pasión, lo que la gente
recuerda para siempre en un personaje. Pero no tengo un plan
preconcebido: quiero vivir las historias mientras las escribo. Le doy un
ejemplo sobre cómo es mi relación con los personajes. Es algo que me
pasó: el personaje principal de Fahrenheit —obligado a quemar
libros— vino un día a mí y me dijo que no quería quemar más libros, que
ya estaba harto. Yo no tenía opciones, así que le contesté: "Bueno, como
quieras, deja de quemar libros y listo".
De modo que él no quemó
más libros y así terminó escribiéndose esa novela.
"Entre las tensiones y la actitud liberadora"
PAULO COELHO
Es brasileño. Integra la
Academia de Letras del Brasil. Escribió, entre otros: El alquimista;
La quinta montaña; Brida y Veronika decide morir.
Todo hombre pasa —según mi entender— por un proceso que es semejante al
de un volcán. Se va acumulando masa y en la superficie no se transforma
nada. El hombre, entonces se pregunta: "¿acaso mi vida será siempre
así?" En un momento dado empiezan los síntomas de la erupción. Si el
hombre es una persona inteligente, dejará que la lava salga y se
transforme el paisaje que lo rodea. Si es un burro, tratará de controlar
la explosión; a partir de ese punto toda su energía se gastará en el
intento de mantener ese volcán bajo control. Yo fui lo bastante
pragmático como para entender que era necesario aceptar una cierta
medida del dolor de la explosión para después poder alegrarme con el
nuevo paisaje. Así es como los personajes de todos mis libros viven
entre estos dos mundos: uno de ellos es el mundo en que rige el aumento
de las tensiones. El otro, es el de la actitud de liberación.
"El novelista es como un médium de ese individuo"
ROSA MONTERO
Es española. Escribió,
entre otros: La hija del caníbal; Crónica del desamor; Te trataré
como a una reina: El corazón del tártaro, Amado amo y Bella y
oscura.
Los personajes aparecen en tu cabeza en primer lugar muy pequeños,
reducidos a una imagen, o una frase, o un gesto, una característica, una
decisión, algo... es un núcleo sustancial a partir del cual ese
personaje se va construyendo. Y lo desarrollas viviéndote dentro de él,
es decir, es el personaje el que te va enseñando cómo es.
El novelista debe de ser lo suficientemente humilde como para
dejar de lado su voluntad, digamos, y hacer caso a lo que el personaje
le va contando de sí mismo... en algún sentido, el novelista es como un
médium de ese individuo. La creación de una novela es muy semejante a
un sueño. Tú no escoges el sueño que vas a tener, por el contrario
el sueño se te impone. Por eso, cuando el escritor tiene verdadero
talento, a veces los personajes le sacan de sus propios prejuicios. Por
ejemplo, Tolstoi, que era un machista terrible y un reaccionario,
escribió Anna Karenina queriendo hacer un libro contra el progreso; su
idea primera era contar cómo el progreso era tan malo que incluso las
mujeres se hacían adúlteras. Pero luego su personaje, Anna, le arrastró
hacia algo mucho más verdadero, hacia un libro que denuncia el sexismo,
la doble moral burguesa, la opresión de las mujeres. Todo eso se lo
contó Anna a Tolstoi.
"Surgen de algún lugar entre los sueños y la esperanza"
ÁNGELES MASTRETTA
Es mexicana. Escribió
El mundo iluminado; Mal de amores, Arráncame la vida, Mujeres de ojos
grandes; Puerto libre y Ninguna eternidad como la mía.
Ojalá tuviera claro cómo se construye un personaje. Si lo supiera
estaría construyendo uno tras otro.
Yo creo que los
personajes se crean dentro de uno, mucho antes de que uno se atreva a
contarlos. A veces, irrumpen sin más a media tarde y convierten todo en
una feria de lo desconocido. ¿De dónde salió esta mujer? ¿De dónde este
hombre solitario? ¿De dónde este padre entrañable? ¿De dónde esta
vendedora? ¿De dónde el encantador viejo que adivina las cosas?
No sé. De algún lugar entre los sueños
y la esperanza, de un recóndito abismo que se guarda nuestros
secretos y los pone de pronto sobre la mesa.
Yo veo a los personajes y los oigo desde antes de escribirlos, sin
embargo, mientras los escribo veo cómo se convierten en seres vivos, con
los que soy capaz de dormir y a los que recurro mucho tiempo después
cuando necesito consuelo y quiero reírme o me urge alguien con quien
echarme a llorar.
Cuando termino uno novela, extraño a los personajes que dejé ahí.
Sobre todo extraño a los padres de Emilia Sauri, a su tía Milagros, a la
Prudencia Migoya de Ninguna.
"Nunca pueden sustraerse a la historia del autor"
FEDERICO
ANDAHAZI
En 1996 ganó el Premio
Fortabat por El anatomista. También escribió Las piadosas, El
príncipe, El árbol de las
tentaciones y El secreto de los flamencos.
Un personaje se construye con distintos fragmentos de la subjetividad
del autor. Por menos autobiográfico que se pretenda un personaje, nunca
puede sustraerse a la historia de su creador. Esta dimensión debe pasar
inadvertida para el lector y, en el mejor de los casos, también para el
autor.
El personaje tiene que resultar verosímil. Debe cobrar "vida" y generar
la ilusión de que es independiente del autor. Desde el Quijote hasta
Joseph K., los grandes personajes encarnan el lugar del héroe.
Sin dudas, que sea recordado depende del grado de identificación que
ejerza sobre el lector. No hay otro secreto.
Para que un personaje sea sólido, el lector tiene que hacerse una
representación clara de su fisonomía. Las características físicas, en
general, deben ajustarse a sus rasgos espirituales. Para lograr una
dimensión visual del personaje, muchas veces es más convincente una
descripción anímica que una larga y enumerativa descripción física. Y a
la inversa, a veces una brevísima descripción física puede definir el
carácter. En ningún caso el aspecto del personaje debe quedar
enteramente librado a la imaginación del lector. La composición del
personaje tiene que estar supeditada a las necesidades narrativas,
incluso en detalles en apariencia insignificantes.
Conclusión en el próximo
boletín.
Fuente:
Clarín 3-11-02
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